La villa limita al Norte con Sunbilla, al Sur con Donamaría y Oiz, al Este con Bertiz-Arana, y al Oeste con Elgorriaga.

Constituye el centro del Valle de Santesteban de Lerín. El Rey Sancho VI el Sabio en 1192 actualizó por “Fuero” las prestaciones señoriales de los vecinos del Valle de Santesteban de Lerín. En 1280 aparece Santesteban en calidad de contribuyente al erario público.

La reina Leonor eximió a la Villa en 1467 del pago de la pecha capital. Veinte años después los reyes Juan y Catalina liberaron a la Villa del tributo de eyurdea y del censo sobre la pesca del río Bidasoa. A mediados del Siglo XV obtuvo el “status” de buena villa. Desde el punto de vista eclesiástico perteneció al Obispado de Bayona hasta 1567.

Cuenta con un extenso caserío situado en torno a la iglesia parroquial de San Pedro. Además sigue con culto la ermita de San Miguel situada a las afueras del pueblo y ha desaparecido la de Nuestra Señora de la Piedad.

Su escudo “trae de azul sobre un terreno un árbol, todo en su color natural, atravesado en su base por un jabalí de sable siniestrado”. En el cantón derecho del jefe una estrella de oro de ocho puntas con un rabo luminoso.

Trataremos, pues en primer término de la Villa. Es un conjunto urbano que queda entre tres cauces fluviales: Al Este y Nordeste el del Bidasoa; al Norte el río que viene de la parte de Elgorriaga (Ezcurra) y al Oeste y Sudoeste la que viene de la parte de Oiz y Donamaría (Ezpelura). En los planos parece percibirse un criterio de urbanización según el cual hay dos grandes manzanas, uno más regular y otra rectangular al Este, otra más irregular al Oeste, con dos calles largas paralelas en un trozo y cortadas por otra más corta que va de Norte a Sur.

Este núcleo ha sido considerablemente ampliado. Hacia Levante, es decir, hacia el Bidasoa, hay varias casas hermosas y el frontón, que constituye un elemento destacable.

Sobre el río Galbarayalde hay un hermoso paseo arbolado “Intzacardi”, es decir un abundancial de árbol, en la actualidad sigue existiendo ese hermoso parque, muy frecuentado sobre todo en verano por mayores y niños.

A primera vista la impresión de que sus habitantes eran personas prosperas no fueron solo comerciantes y marinos “indianos”, sino también y en gran proporción altos funcionarios, militares y gentes que encontraron sus indias dentro de España. Pero Doneztebe/Santesteban posee algunos edificios y elementos urbanos anteriores, de fines de la Edad Media y comienzos de la Moderna, en que parece empezó a medrar más. Porque en efecto en 1497 fue cuando se le concedieron mayores privilegios (aún se aplicaba el fuero de Jaca) y facultad de nombrar un Alcalde de hidalgos y un “amirat” de francos. Entonces parece que se construyeron algunas torres o casas fuertes de piedra, reformadas posteriormente, pero que se ajustan al estilo gótico. La mejor conservada es una que se encuentra en la calle que lleva el significativo nombre de “Mercaderes” y que se corresponde a uno de los típicos establecimientos.

Parece que sus casas a finales del Siglo XVIII o comienzos del XIX, las ventanas han sido rasgadas, pero mantienen su carácter gótico en su segundo piso.

También, algunas ventanas de la parte de atrás de ciertas casas que parecen corresponder a una época en que el casco urbano estaba más cerrado y, aún con aire de amurrallamiento, conservaron ventanas y puertas del mismo estilo.

En reformas posteriores del Siglo XVIII y XIX, se encuentran sobre todo en la parte oriental, que da hacía el Bidasoa, pero en primer lugar hay que recordar los palacios que lleva las Armas de los Apellidos “Bertiz” y “Ezpeleta”, que según la tradición, fue construido por un arquitecto de Cádiz y que tiene un patio con linterna, reformado. Es obra académica de fines del Siglo XVIII o comienzos del XIX. Otra gran casa más irregular, pegada al frontón.

Además de estas, hay que destacar alguna exentas que se hallan fuera, en el camino hacia Elizondo, la más curiosa sin duda, es la casa de “Oteiza”.